Home » Noticias » Noticias por país » Argentina NPP » 9 cosas que hemos aprendido tras 50 años de guerra contra las drogas*

9 cosas que hemos aprendido tras 50 años de guerra contra las drogas*

31 agosto, 2016
9 cosas que hemos aprendido tras 50 años de guerra contra las drogas

.

En el continente americano, el modelo prohibicionista ha fomentado la desigualdad, el derramamiento de sangre y la violación masiva de derechos humanos. Necesitamos comprender qué ha fallado. English

Drogas

Pichari (VRAEM), Cusco, Peru. Credit: Alberto Cifuentes. All rights reserved

¿Por qué la “guerra contra las drogas” en América ha aumentado, de hecho, la militarización y el derramamiento de sangre asociados con el tráfico de drogas? Al crear un enorme mercado ilegal controlado por grupos criminales complejos y cada vez más poderosos, los conflictos violentos se han intensificado en toda la región. Al mismo tiempo, las políticas represivas han violado los derechos humanos de decenas de miles de personas. Hay nueve lecciones que hemos aprendido tras 50 años de guerra contra las drogas, extraídas de un informe conjunto de 17 organizaciones de 11 países americanos.

1. La acción militarizada del estado aumenta la violencia

Drogas

Protesta contra la guerra contra las drogas, México. Getty Images / Kevork Dejansezian. All rights reserved

Consideremos el caso de México. Aquí, la guerra contra el tráfico de drogas ha representado más de 70.000 asesinatos, así como graves vulneraciones de la libertad y seguridad de millones de personas. En 2006, el presidente Felipe Calderón ordenó una ofensiva militar contra los cárteles de la droga, lo que permitió a decenas de miles de oficiales del ejército llevar a cabo detenciones, patrullas e inspecciones. Mientras tanto, numerosas instituciones de seguridad pública estatales y municipales empezaron a nombrar a personal militar en activo o en la reserva para dirigirlas. ¿Qué pasa cuando el ejército asume la responsabilidad de facto para llevar a cabo tareas de seguridad pública en un país? Las quejas contra las fuerzas armadas en la Comisión Nacional de Derechos Humanos han aumentado de manera significativa: más de 5.000 denuncias de tortura y malos tratos, más de 22.000 desaparecidos y más de 280.000  desplazados por la violencia.

2. Penalizar a los consumidores tampoco ha funcionado

Drogas

Arte callejero en Ushuaia, Argentina, Flickr/Sjoerd van Oosten. Some rights reserved

El sistema internacional de control de drogas está llevando a cabo, básicamente, una cruzada moral contra el consumo y a favor de una prohibición total. La Convención Internacional contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Sicotrópicas de 1988 ha tenido una gran influencia. Se pidió a los estados que centrasen sus esfuerzos en los eslabones inferiores de la cadena de comercialización, incluidos los consumidores. El resultado es que en Argentina, por ejemplo, está todavía vigente una ley que penaliza la tenencia de estupefacientes para consumo personal, a pesar del fallo del Tribunal Supremo de 2009 que la declaró inconstitucional. En la región, los consumidores de drogas son detenidos generalmente en espacios públicos en posesión de pequeñas cantidades de drogas, no van armados y no violan ninguna otra ley.

3. La detención masiva se ha convertido en una norma racista

Veamos el caso de los Estados Unidos. Entre 1990 y 2010, creció la duración de las penas de prisión, las detenciones por drogas aumentaron un 53% y el número de personas detenidas por delitos relacionados con la marihuana aumentaron un 188%. Entre 2001 y 2010, hubo más de 8 millones de arrestos por marihuana, de los cuales 88% fueron por posesión. Estas tasas de arresto por posesión de marihuana revelan marcados prejuicios raciales: entre las personas de ascendencia africana, la tasa de arrestos es de 716 por cada 100.000 habitantes, mientras que entre los blancos la cifra es de 192 por cada 100.000. Las tasas de consumo de marihuana, sin embargo, son muy similares en las poblaciones blanca y negra.

4.  Las penas también son menores por violación y asesinato

Drogas

CELS. All rights reserved.

En algunos países de América Latina, el castigo es igual o mayor para los que deciden vender sustancias prohibidas a adultos que las consumen voluntariamente que para los que cometen delitos sexuales, o incluso asesinatos. En Bolivia, la pena máxima por tráfico de drogas (25 años de prisión) es más alta que la que se decreta por homicidio (20 años) y por violación (15 años). La situación es similar en México, donde la pena máxima por tráfico es de 25 años de prisión y 24 años por homicidio.

5. Este aumento de la encarcelación agrava una grave crisis carcelaria

Drogas

CELS. All rights reserved

Esto no es ninguna sorpresa. La aplicación de leyes severas lleva a la sobrecarga de tribunales y prisiones, y a la privación de libertad de decenas de miles de personas por delitos menores relacionados con drogas, incluyendo la simple posesión. El peso de estas leyes ha caído principalmente sobre los sectores sociales más vulnerables. Incluso en países en los que transportar pequeñas cantidades de drogas para uso personal no se considera un crimen, las cárceles se han ido llenando de consumidores. Una de las razones es que, en la mayoría de estos países, las leyes no distinguen claramente entre usuarios y traficantes, y dan margen a la policía y a los funcionarios judiciales para interpretar libremente cada situación.

6. Muchos pensaron que destruir los cultivos era el tipo de política “dura” que necesitábamos. En la práctica, ha sido desastroso

Drogas

Policía antinarcóticos erradica plantaciones de coca, Colombia. William Fernando Martinez/Flickr. Some rights reserved

“La erradicación forzada” es otra de las políticas desarrolladas para el control de drogas a nivel internacional – tiene como objetivo eliminar las drogas en el lugar de producción. La estrategia suena atractiva, por lo dura y directa que parece. En realidad, se ha demostrado ineficaz. Existe amplia evidencia de que la erradicación causa un gran daño a los productores y a sus comunidades, aumenta la pobreza para algunos de los sectores más necesitados de la población, fomenta violaciones de derechos humanos, alimenta la inestabilidad política y el conflicto social, y beneficia con frecuencia a los grupos armados. La erradicación forzada implica la destrucción de la principal fuente de ingresos de los pequeños productores. Al empeorar aún más sus condiciones de vida, esta política refuerza – e incluso puede llegar a fortalecer – su dependencia de los cultivos ilegales.

7. Muchos “tratamientos” para la adicción a las drogas son humillantes e inhumanos

Drogas

Marcha por la legalización de la marihuana para uso médico en Brasil. Upslon/Flickr. Some rights reserved

Lo que en muchos países se conoce como “tratamiento” suele incluir la prescripción excesiva de psicofármacos o la ausencia total de medicación sustitutiva que ayude a paliar los efectos de la abstinencia. Asimismo, también se consideran “tratamientos” viables los abusos verbales, los ejercicios de tipo militar e incluso los golpes y palizas. El trabajo forzado, o con salarios ínfimos, se practica bajo el nombre de “rehabilitación”; y las condiciones en las que los pacientes se bañan, comen o duermen en muchas instituciones de “tratamiento” distan mucho de reunir las condiciones mínimas de un trato humano.

8. Se ha olvidado el derecho internacional de los derechos humanos

Drogas

Flickr / Davecito. Some rights reserved

De nuevo, esto no es ninguna sorpresa, pero vale la pena repetirlo. Muchos de los derechos consagrados en la Convención Americana sobre Derechos Humanos (CADH) – la que tiene más peso en la región – han sido violados por la aplicación de políticas de “dureza contra las drogas ‘. Por ejemplo, se ha negado sistemáticamente el derecho de circulación y residencia (artículo 22 de la CADH) con los desplazamientos forzados de población civil como consecuencia de las estrategias de control de narcóticos. En Colombia, poblaciones enteras han sido desplazadas por la erradicación forzosa y las campañas de fumigación aérea de los cultivos ilegales a cargo de las fuerzas armadas.

9. Hay que luchar contra los ‘adictos’ a la prohibición

Drogas

Operación Twingo antidroga en Colombia. Getty Images/Piero Pomponi. All rights reserved.

Todo esto significa que el modelo prohibicionista y la promesa de una “sociedad libre de drogas” promovida por la ‘guerra contra las drogas ‘está en crisis: su credibilidad y legitimidad están seriamente erosionadas. El enfoque prohibicionista castiga y persigue implacablemente a algunos de los que participan en el mercado de las drogas ilegales, aunque tolera a otros. A lo largo de cinco décadas de “guerra”, estos últimos no han hecho más que enriquecerse con el negocio de las drogas y el lavado de activos. Cada vez más funcionarios a nivel nacional e internacional se han convertido en “adictos a la prohibición”.

Pero existen alternativas. En primer lugar, los estados deben explorar la posibilidad de respuestas no punitivas (incluida la regulación de los mercados). En segundo lugar, el consumo de drogas para uso personal debe despenalizarse, y deben establecerse sanciones y penas de prisión proporcionales en relación con otros delitos. En tercer lugar, debe evitarse el uso abusivo del derecho penal. Estos son sólo pequeños ejemplos de las muchas medidas concretas de las que deberíamos estar hablando, con el fin de asegurar que el sufrimiento experimentado en nuestra región no se repita en otras partes del mundo. Únete a nuestro debate: #DrugPolicy #AlternativesExist

El informe completo de 17 organizaciones de 11 países americanos, “El impacto de las políticas de drogas en los derechos humanos: la experiencia del continente americano”, publicado por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), puede descargarse aquí.


Este artículo se publica como parte de una alianza editorial entre openDemocracy y CELS, organización de derechos humanos argentina con una amplia agenda, incluyendo la defensa y promoción de políticas de drogas respetuosas de los derechos humanos. La alianza coincide con la Sesión Especial sobre Drogas de la Asamblea General de las Naciones Unidas (UNGASS).

*Publicado en opendemocracy.net [marzo 16, 2016]

Consulta también:

Tags: ,

Comentarios

Comentarios

Change this in Theme Options
Change this in Theme Options