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Colombia: “Hay que romper la idea de que justicia es igual a cárcel”*

2 marzo, 2015

 

La idea de que la paz en Colombia está más cerca que nunca, que se trata de un proceso sin retorno e inédito, ha atravesado las intervenciones de algunos de sus principales conocedores y protagonistas, reunidos este lunes en Madrid en el Teatro Real. La negociación entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC, que empezó en noviembre de 2012 y que se desarrolla en La Habana, ha entrado en su fase crítica al zambullirse en el asunto más delicado para los colombianos: el de la justicia, el de qué penas afrontarán los responsables de crímenes de guerra, después de más de 220.000 muertos, seis millones de desplazados y cinco décadas de conflicto.

“Estamos obligados a investigar los delitos de lesa humanidad”, ha afirmado el expresidente colombiano César Gaviria. “Sobre eso no hay discusión”, y ha defendido que la justicia transicional no se aplique solo a los guerrilleros desmovilizados una vez que se firme el acuerdo, sino extenderla a otros actores implicados en el conflicto como “las fuerzas armadas y empresarios”. El expresidente ha abierto la ronda de intervenciones del Foro por la paz en Colombia organizado por EL PAÍS y la Fundación Buen Gobierno, patrocinado por Telefónica, BBVA, Ferrovial, Alcaldía de Barranquilla y Avianca. Ha insistido en que la Corte Penal Internacional, que vela por que no haya impunidad, “no puede ser obstáculo para la paz”, por eso “Colombia va a aplicar su propio modelo de justicia transicional. No nos pueden imponer una interpretación exegética”, ha dicho.

El desafío al que se enfrenta ahora la mesa de negociación es el de encontrar un equilibrio entre justicia para las víctimas y la necesidad de la paz. El ministro consejero de la Presidencia para el Posconflicto, Óscar Naranjo, ha incidido en la importancia de “romper el paradigma de que justicia es igual a cárcel”.

El general retirado de la policía, que será el encargado de pilotar el proceso una vez que se firme el acuerdo con la guerrilla, quiso recalcar que “la justicia transicional no es impunidad”, porque es más amplia, busca “verdad, justicia, reparación y derecho a no repetición” y el equilibrio entre estos factores facilita la reconciliación. En el mismo sentido, el exjuez Baltasar Garzón incidió en la importancia de emprender una “labor de pedagogía muy grande” para entender que el marco punitivo en este caso va más allá de la “privación de libertad”. Defendió que “en la justicia transicional van a participar víctimas que son también jueces, e incluso los victimarios son parte del tribunal”.

Una parte de los colombianos recela de la negociación de paz con las FARC y rechaza la posibilidad de que los guerrilleros puedan, si se firma un pacto, participar en política o no entrar en la cárcel. La necesidad de rendir cuentas a los ciudadanos y la presión que ello puede suponer para el proceso fue el argumento que destacó el israelí Shlomo Ben Ami, vicepresidente del Centro Internacional Toledo por la Paz. “La paz une a las naciones, pero la paz las divide. Todo el mundo quiere la paz, por la que hay un precio que pagar. Si usted gana la guerra –y yo creo que el Ejército de Colombia podría haberlo hecho—puede extraditar a los guerrilleros, meterlos en la cárcel… pero si no, estás negociando, y una justicia fundamentalista puede ser un obstáculo”, ha dicho.

Jonathan Powell, exjefe de Gabinete de Tony Blair y autor del libroTalking to terrorists: how to end armed conflicts (Hablar con terroristas: cómo acabar con conflictos armados) por su experiencia en la negociación con el IRA, ha hecho hincapié en la importancia del liderazgo y de “tomar decisiones impopulares” y en el “problema de crispación” que hay en el país por el proceso de paz. También se ha referido al escenario de posconflicto, una vez que haya un pacto. “Cuando se firma, las partes aún no se fían la una de la otra del todo, hay que cumplir los acuerdos para que se cree confianza y ahí es donde acaba el conflicto. Necesitarán apoyo internacional para el momento del desarme”.

Por su parte, el consultor en seguridad y asesor del Gobierno colombiano Joaquín Villalobos destacó el carácter irreversible del proceso, advirtió que, si “las FARC prolongan el conflicto, habrá más deserciones en sus filas”, y subrayó la importancia de las instituciones. “En el contexto del continente, en América Latina entre 2000 y 2010 hubo un millón de homicidios. ¿Qué hay detrás de esa situación? Estados débiles, ausentes. Colombia ha ido construyendo Estado y ciudadanía, las bases de la seguridad, enfrentando lo peor. Ellos conocen el infierno”, ha dicho.

*Publicado en elpais.com [marzo 2, 2015]

Foto: elpais.com

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