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Las violencias sexistas se reproducen también en prisión*

13 diciembre, 2016
Violencias sexistas

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Laura Loncopan Berti

NEUQUÉN, ARGENTINA.-“No estamos todas, faltan las presas”, es uno de los cánticos que se escucha en las movilizaciones feministas, y es infaltable en la más icónica de ellas: la que cierra cada año el Encuentro Nacional de Mujeres. La discriminación por motivos de género que se despliega durante la persecución penal y la privación de la libertad es parte de las violencias sexistas. Pero, ¿cuántos estereotipos cargan en sus biografías desde antes de ingresar en la cárcel?

“El amor romántico es uno de los más fuertes”, reflexionó Yamila Harada, coordinadora del taller de género que se dicta en la Unidad 16, en el contexto del Centro Educativo Provincial Integral (CEPI), que ayer cerró con una propuesta de música y poesía, en torno al día Internacional de la Violencia contra las Mujeres que se celebra hoy. “Hay mucho de “me pega, pero me quiere”, “me pega, pero está conmigo”, “me pega pero me sigue trayendo tarjetas y cigarrillos”, “me cela, pero”. Empezamos a transitar un camino, a desnaturalizar la vida cotidiana concreta de las chicas. El taller busca romper con todo eso, pero también fortalecerlas”, afirmó Harada.

Las mujeres encarceladas no escapan de la exclusividad de las tareas de cuidado. “La maternidad la transitan con mucho dolor, pero también con mucha responsabilidad. Eso es bien marcado: los varones detenidos no tienen la misma responsabilidad ética para sus hijos. Qué mandato tan fuerte que aún encerradas las mujeres seguimos ligadas a la maternidad: desde poder ayudarlos el día de visita en la tarea, hasta poder festejarle el cumpleaños adentro”, señaló.

Luciana Petraglia, defensora pública de Ejecución penal de Neuquén, coincidió en este aspecto: “en cada entrevista te nombran a los hijos, te cuentan que les dijeron en el llamado de hace dos días: “Mi hijo me dijo: “mamá cuánto te falta, te estoy esperando”.

“Mis internas van desde los 22 hasta los 60 años. Lo que valoro de las mujeres, más allá de que son una población muy chica, es que se acompañan mucho. Lejos de tener conflictos, las que tienen más años de detención, acompañan siempre en los espacios educativos, a las más jóvenes, las aconsejan para bajar los índices de violencia en la cárcel. Para que el trato con el personal policial sea ameno”, destacó.

La defensora enfatizó en que hay una gran deuda con las internas, sobre todo en materia de salud. “Ellas tienen una enfermera que está todos los días ahí, que es la que se encarga de sacar turnos, y de la atención primaria. Hay una médica que va cuando ellas requieren atención, pero no tienen asistencia psicológica y psiquiátrica constantemente ahí”, relató.

Petraglia insistió en que el otro eje preocupante es la posibilidad de inserción laboral. Explicó: “si bien hacen cursos en la Unidad, la realidad es que no tienen la misma salida. No hay trabajo remunerado como política de Estado. Las que tienen posibilidad de trabajar lo hacen por su cuenta, la producción la venden afuera, pero se tienen que encargar de hacerse de la materia prima, y de hacerse del cliente. En la Unidad de mujeres no hay ningún dispositivo armado para que ellas puedan exportar algo.”

Sumó: “tengo internas que tienen la posibilidad de salir afuera, que no consiguen trabajo. Los internos consiguen trabajo más rápido, en changas. Eso impacta en la economía familiar, porque generalmente las abuelas maternas son las que se hacen cargo de los niños. Que ellas no tengan trabajo adentro de la Unidad, ni salidas transitorias con trabajo para poder sustentar a su hijo, es terrible.”

*Publicado en rionegro.com [noviembre 25, 2016]

Foto: actualidad.rt.com

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